Jefes de seguridad ugandeses e informantes políticos señalan que Muhoozi Kainerugaba, el hijo de carácter franco del presidente Yoweri Museveni, se ha consolidado como la principal figura para suceder al líder de 81 años tras unas elecciones muy disputadas que derivaron en una dura respuesta de seguridad frente a la actividad opositora. Las fuentes indicaron que Kainerugaba, comandante de las fuerzas terrestres del ejército y jefe de la élite del Comando de Fuerzas Especiales, desempeñó un papel central en las medidas que ayudaron a asegurar el séptimo mandato de Museveni, incluida la orden de un apagón de internet de cuatro días y la movilización de policías y tropas para dispersar mítines opositores. Asesores cercanos afirman que estas acciones buscaban prevenir sabotajes; críticos y observadores de derechos humanos sostienen que reprimieron la disidencia.
El líder opositor Robert Kyagulanyi, conocido como Bobi Wine, alega que la votación fue manipulada y permanece oculto tras una campaña marcada por detenciones, actos interrumpidos y reportes de fuerzas de seguridad disparando munición real. Partidarios de la oposición fueron objetivo antes y durante la jornada electoral; posteriormente, Kainerugaba se jactó de que 30 miembros del partido de Wine habían muerto y de que unos 2.000 “alborotadores” fueron arrestados, cifras que el partido no abordó de inmediato.
La imagen pública de Kainerugaba —caracterizada por publicaciones combativas en redes sociales que han incluido amenazas y comentarios controvertidos— contrasta con versiones de allegados que lo describen como más moderado en privado. Desde que en 2023 declaró estar “cansado de esperar” para liderar, ha consolidado poder al marginar a rivales dentro del gobernante Movimiento de Resistencia Nacional y de las fuerzas armadas, supervisar fuertes aumentos salariales para soldados rasos, impulsar ascensos y jubilaciones, y lanzar una campaña anticorrupción. Estas medidas, junto con su cercanía a figuras influyentes como el hermano de Museveni, Salim Saleh, y una relación de larga data con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, han reforzado su posición entre actores clave de seguridad y política.
Pese a la incomodidad de algunos veteranos del partido y del estamento militar ante una posible sucesión de padre a hijo, varias personas involucradas en conversaciones sobre la transición aseguran que la posición de Kainerugaba es hoy más fuerte que nunca. El protocolo constitucional prevé que el vicepresidente asuma el poder de forma interina si Museveni muere en el cargo, seguido de elecciones; se espera que aliados familiares desempeñen papeles decisivos en cualquier transición. No obstante, observadores advierten que una transferencia dinástica conllevaría riesgos de reacción popular en un país con una población mayoritariamente joven y donde muchos rechazan la idea de que el liderazgo pase dentro de una sola familia.
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Miércoles, 4 de febrero de 2026
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El hijo de Museveni es visto como sucesor
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Fecha de emisión: 24 de january de 2026