Los resultados de las grandes tecnológicas publicados esta semana muestran una postura más dura de los inversores frente al gasto en inteligencia artificial: los mercados toleran grandes desembolsos solo cuando se traducen en crecimiento claro y penalizan a las empresas que no logran demostrar retornos a corto plazo. Los movimientos bursátiles tras los informes reflejaron esa división: Meta subió con fuerza tras presentar sólidos ingresos publicitarios vinculados a la segmentación mejorada por IA y ofrecer una previsión optimista, mientras que Microsoft cayó después de que el crecimiento de Azure apenas superara las expectativas y los inversores reaccionaron negativamente a su enorme programa de gasto de capital.
Meta afirmó que las mejoras basadas en IA ayudaron a impulsar un aumento del 24% en los ingresos trimestrales y respaldan un plan agresivo de inversión, con un fuerte incremento del gasto de capital este año para ampliar su infraestructura de IA. Microsoft, uno de los primeros inversores en OpenAI y beneficiario inicial de la ventaja de ser pionero, enfrenta ahora una presión creciente para justificar más de $200.000 millones invertidos en IA desde el ejercicio 2024, en un contexto de mayor competencia de rivales como Gemini de Google y un impulso del negocio en la nube menor de lo esperado.
La temporada de resultados ha agudizado el foco de los inversores en métricas concretas de IA: ingresos directamente atribuibles a la inteligencia artificial, adopción de productos por parte de los clientes, poder de fijación de precios y mejoras de productividad. Las compañías que pueden señalar aumentos medibles en ingresos publicitarios o de la nube han sido recompensadas; aquellas que se apoyan en el potencial a largo plazo sin evidencias detalladas a corto plazo han visto caer sus acciones. La nube sigue siendo un campo de batalla clave: la demanda de cargas de trabajo de IA es fuerte, pero la presión en precios y los mayores costes están limitando el aumento inmediato de los márgenes.
Analistas señalan que el mercado ha pasado del entusiasmo generalizado a un escrutinio selectivo. Con tipos de interés elevados y valoraciones bursátiles altas, los inversores exigen hojas de ruta más claras que expliquen cómo las inversiones en IA se convertirán en ofertas rentables a escala. A esto se suman preocupaciones sobre la posible comoditización de los servicios de IA, la competencia creciente y los riesgos regulatorios, lo que aumenta la urgencia de demostrar una ejecución efectiva.
Las empresas están respondiendo desglosando de forma más explícita las métricas relacionadas con la IA y destacando contratos y crecimiento de uso por parte de clientes, aunque persiste la incertidumbre sobre los plazos. El mensaje dominante de los mercados es claro: el compromiso estratégico con la IA es necesario, pero ya no suficiente. Los inversores ahora exigen disciplina en la asignación de capital y pruebas transparentes de que el gasto en IA está impulsando ingresos y márgenes. Los próximos resultados se evaluarán con esos indicadores tangibles, y las empresas que no cumplan se arriesgan a nuevas correcciones en su valoración.
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Miércoles, 4 de febrero de 2026
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Inversores exigen retornos de la IA a las grandes tecnológicas
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Fecha de emisión: 2 de february de 2026