Un propietario de una mina de esmeraldas en Sudáfrica, Ben van Wyk, alcanzó un acuerdo informal poco habitual con mineros ilegales—conocidos localmente como “Zama-Zamas”—para permitirles acceso limitado a su propiedad una vez que finalizan las operaciones formales cada día. Van Wyk dijo que encontró a unos 100 mineros ilegales bajo tierra al comenzar a operar el sitio y negoció límites: “No los molestaremos mientras ellos no nos molesten”. Presentó el acuerdo como una medida pragmática para evitar conflictos, sabotaje de equipos y violencia asociada a los desalojos forzosos.
Los Zama-Zamas, que utilizan herramientas rudimentarias en galerías peligrosas y a menudo abandonadas, describen la minería informal como una estrategia de supervivencia en medio del débil mercado laboral sudafricano. Varios mineros señalaron que mantienen a hijos y familias extensas, y consideran este acceso tolerado como una de las opciones más seguras disponibles. Líderes comunitarios en la zona cuestionaron las narrativas que describen a estos grupos como ampliamente criminales, afirmando que su interacción con los residentes es limitada y que los rumores de criminalidad generalizada no se confirman a nivel local.
Van Wyk vincula la situación con la crisis económica más amplia y el alto desempleo—estimado en torno al 31,4%—y sostiene que las medidas de expulsión agresivas solo aumentarían las tensiones. La cooperación informal en su mina ha generado una coexistencia frágil: la operación formal continúa mientras los Zama-Zamas extraen pequeñas cantidades de minerales fuera del horario laboral. Observadores señalan que el acuerdo reduce el conflicto inmediato, pero no aborda las causas estructurales de la minería ilegal.
Analistas y defensores advierten que el modelo plantea problemas legales y de seguridad. El acceso informal expone a los mineros a derrumbes, mala ventilación y otros peligros, y los críticos señalan que tolerar actividades ilícitas podría debilitar el estado de derecho y sentar precedentes para otros operadores. Sus defensores argumentan que la tolerancia limitada puede reducir daños en contextos donde la aplicación estricta de la ley podría generar más violencia.
El episodio refleja la complejidad de la minería ilegal en Sudáfrica: una combinación de precariedad económica, escasas oportunidades laborales formales, gobernanza local disputada y riesgos de seguridad. Aunque la tregua en la mina de Van Wyk ofrece calma a corto plazo, deja abiertas cuestiones sobre la seguridad de los trabajadores, la rendición de cuentas legal y la necesidad de políticas más amplias para abordar el desempleo y regular la actividad minera informal.
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Martes, 31 de marzo de 2026
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Propietario de mina acuerda con mineros
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Fecha de emisión: 31 de march de 2026