Las protestas vinculadas a una huelga general a nivel nacional en Portugal derivaron en enfrentamientos violentos con la policía antidisturbios en Lisboa y otras ciudades, mientras sindicatos y miles de trabajadores se manifestaban contra las reformas laborales propuestas. Tras grandes marchas mayoritariamente pacíficas, pequeños grupos se separaron y comenzaron a lanzar botellas y piedras, además de prender fuego a contenedores de basura y materiales de obra cerca de edificios gubernamentales y nodos de transporte. Unidades antidisturbios intervinieron para dispersarlos, y los bomberos trabajaron para sofocar las llamas que llenaron las calles de humo. Las autoridades informaron de múltiples arrestos y de varios heridos leves entre manifestantes y agentes.
La huelga, la primera en más de una década, paralizó numerosos servicios públicos: trenes y autobuses suspendidos, ferris interrumpidos, cientos de vuelos cancelados y escuelas cerradas, dejando a viajeros varados y planes alterados. Los organizadores afirmaron que decenas de miles de empleados públicos, estudiantes y afiliados sindicales participaron, exigiendo salarios más altos, alivio frente al aumento del costo de la vida, mejores condiciones de vivienda y mayor inversión en servicios públicos. Los líderes sindicales condenaron la violencia, pero señalaron que refleja una frustración profunda y generalizada tras años de presión económica y lo que consideran ajustes salariales insuficientes frente a la inflación.
El gobierno minoritario de centroderecha sostiene que las enmiendas a más de 100 artículos del código laboral buscan impulsar la productividad y sostener el crecimiento económico. Los sindicatos advierten que el paquete inclinaría el equilibrio de poder hacia los empleadores y debilitaría las protecciones de los trabajadores, algo que, según dicen, ocurriría pese a la relativa solidez de la economía portuguesa y el bajo desempleo. El Ejecutivo pidió calma y abrió la puerta al diálogo, al tiempo que subrayó que el vandalismo y los ataques a la seguridad pública socavan la protesta legítima.
Analistas políticos señalan que los disturbios evidencian tensiones sociales crecientes mientras las autoridades intentan equilibrar restricciones fiscales con demandas de mayor protección social y alivio del costo de vida. Aunque la mayoría de los manifestantes regresó a casa de forma pacífica, las imágenes de escombros en llamas, forcejeos con la policía y daños materiales subrayaron la volatilidad del momento. Funcionarios indicaron que se mantendrán medidas de seguridad reforzadas y que continuarán las negociaciones con los sindicatos, advirtiendo que podrían producirse nuevas protestas si no se alcanza un acuerdo. Los servicios humanitarios y municipales afrontan una presión creciente para despejar las calles, reparar daños y restablecer las redes de transporte interrumpidas.
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Sábado, 17 de enero de 2026
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Una huelga en Portugal deriva en violencia
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Fecha de emisión: 12 de december de 2025